lunes, 13 de julio de 2009
La Adoracion
LA ADORACION:
Adorar es entregar a Dios nuestra propia inteligencia, que se rinde ante Él, y todo nuestro amor, que siente que arde en Él.
Es un acto que nos desprende de la cadena más profunda que nos ata: nuestro propio "yo". Por eso, adoración significa liberación.
¿La adoración es sólo para los buenos?
La adoración es el acto propio del cielo, y por lo tanto es lo propio de los buenos, como leemos en el libro de los Salmos: «¡Alegraos en Yahveh, oh justos, exultad, gritad de gozo, todos los de recto corazón!» (Salmo 32,11).
Ahora bien, esta adoración celestial es perfecta, continua e irreversible. Por contraste, las experiencias de adoración que tenemos en la tierra son imperfectas, temporales y no definitivas.
Esto quiere decir que las experiencias, más o menos intensas, de adoración que Dios nos regala en esta vida mortal no son todavía el "premio", sino una manera de invitarnos a crecer en fervor, obediencia y confianza hacia Él, que es la fuente de todo bien. Esta invitación Dios la concede no sólo a los que ya son "buenos", sino muchas veces también a los "malos", precisamente para atraerlos hacia su dulzura.
Un ejemplo ilustrativo es lo que le sucedió a Isaías, que, según él mismo nos cuenta, tuvo una intensa experiencia de la majestad divina. Y exclamó: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos!» (Isaías 6,5).
Esto significa que esperar cosas maravillosas no por nuestros méritos sino por la generosidad inagotable de nuestro Dios, que de mil modos quiere atraernos hacia su amor.
¿Cómo entrar en adoración?
Propiamente la adoración es una gracia, un regalo del que nosotros no podemos adueñarnos ni podemos planificar completamente.
Pero sí hay mucho que podemos hacer.
Actitud fundamental
Lo más importante es el deseo de amar a Dios por ser quien es, porque es bueno y porque todas sus obras, incluso las que no entendemos o no nos gustan, están selladas por su sabiduría y su compasión. Si este deseo está en nosotros, y lo acrecentamos tanto como podemos, ¡ya hay una buena base para la adoración!
Actos de adoración
El deseo crece si nuestra atención se concentra en las bondades de Dios, en los bienes que nos ha dado y los males de los que nos ha librado. En este punto nos ayudan extraordinariamente muchos salmos y también los buenos libros de devoción.
Incluso frases sencillas pueden hacernos mucho bien: «Dios mío, te amo»; «Señor, te adoro con todo mi corazón»; «Que todos te conozcan y todos te amen, Señor»; y muchas más.
Uso de la música
No hay duda del papel positivo que la música puede cumplir en la unificación de nuestro ánimo y de nuestros afectos, y en la experiencia de la armonía que Dios viene a crear en el alma.
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